Kilómetros
aproximados: 290.
Tocaba continuar ruta con el coche y
dejar Cracovia. Desayunamos en el hotel, ya sabíamos que era caro, o mejor
dicho muy caro, porque 39 zł (casi 10 €) por persona, era lo que prácticamente
habíamos estado pagando por comer o cenar, pero es que además fue muy flojo, ya
que la variedad para elegir era bien escasa. No nos hacía gracia gastarnos ese
dinero en un desayuno, pero como donde fuimos el día anterior fueron tan
lentos, pues sopesando, decidimos el hotel por ganar tiempo; pero sólo lo
recomendamos para emergencias.
Tras el desastroso desayuno, subimos a
por las maletas, y cogimos camino al garaje, llovía un poco, pero a ritmo
rápido logramos llegar sin mojarnos mucho; cargamos el maletero, pagamos los 270
zł en total (unos 21 € al día), y sobre las 8’45 nos poníamos en marcha.
Estaba lloviendo, pero al ser sábado
no había excesivo tráfico a esas horas, el primer destino antes de irnos
definitivamente de Cracovia, era el MUSEO
POLACO DE LA AVIACION (Muzeum Lotnictwa Polskiego), que es uno de los museos de aviación más grandes del
mundo, en el que se conservan auténticas joyas, que incluyen
planeadores, armamento antiaéreo,
jets de última generación, aeronaves
construidas para la Primera Guerra Mundial, la Guerra Fría o la Segunda Guerra
Mundial; además de uniformes y documentación perteneciente a las fuerzas
aéreas polacas. Dirección: Jana Pawła II, 39. Horario: 9 a 5. Precio: 14 zł.
La entrada nos costó un poco encontrarla,
porque la zona estaba en obras, y al llegar al parking estaba diluviando, así
que esperamos unos minutos a ver si la cosa mejoraba, y tuvimos suerte, ya que
era, unos minutos de fina lluvia, unos minutos de lluvia intensa; así que
aprovechamos un momento que aflojó y salimos rápidos hacia el museo.
Comenzamos por el interior.
Luego unos hangares, por lo menos
seguíamos a cubierto.
Finalmente la visita al exterior, que
tuvo que ser cortita.
Y ya nos fuimos, una pena que no pudiéramos
pasear un poco más por el exterior, porque por lo visto tiene una buena colección de aviones, pero tampoco apetecía mojarse.
Al salir de Cracovia teníamos unas tres hora hasta llegar a Wroclaw, donde pasaríamos toda la tarde y la noche, pero pusimos rumbo a Gliwice que está a mitad camino más o menos,
allí se encuentra la antena Radiostacja
Gliwice, que no es una gran visita en sí, pero es un lugar histórico. Aquí
la noche del 31 de agosto de 1939 (la noche anterior del inicio de la Segunda
Guerra Mundial), tropas alemanas con uniforme polaco atacaron esta emisora de
radio fronteriza alemana (Gliwice actualmente perteneciente a Polonia, pero en
aquellos momentos era Alemania), con el objetivo de difundir un mensaje en
polaco en el que se animaba a los polacos a tomar las armas contra Hitler, para
así Alemania poder “justificar” su ataque del día siguiente. Este hecho nosotros
lo desconocíamos, y fue gracias a Diego (nuestro guía de Cracovia) cuando lo
conocimos, y nos animamos a visitarlo, aprovechando que pasábamos muy cerca y
no había que desviarse mucho, no lo dudamos. Dirección: Tarnogórska 129.
Seguimos hacia Wroclaw, todo el
trayecto transcurrió por autovía y autopista, fueron 3 peajes y en total pagamos
33 zł; llegamos al hotel muy directos, no tenía perdida, además el Hotel Mercure Wroclaw Centrum estaba pegado a
un centro comercial.
Hicimos el check-in y en un momento
salimos a comer, como ya era tarde y teníamos mucha hambre, fuimos al centro comercial
y comimos en KFC, nos costó todo 46 zł (salimos a menos de 4 € cada uno).
Y ya tocaba visitar la ciudad, como
era sábado y hacía un día estupendo, había mucho ambiente por la calle, gente
comiendo helados, bodas por todas partes. En pocos minutos llegamos a la RYNEK, que nos pareció preciosa, muy
bonita, con un RATUSZ (Ayuntamiento)
impresionante. Las casas han sido restauradas después de la Segunda Guerra Mundial
en diferentes estilos. Nos hartamos de hacernos fotos en la plaza.
Ayuntamiento |
Plaza de la Sal |
En una de las esquinas de la Rynek (detrás
de unas casas conocidas como “Hansel y Gretel”), se encuentra la IGLESIA DE SANTA ISABEL (Kościoł Św.
Elżbiety), su interior no pudimos visitarlo porque había una boda y otra
esperando, sólo nos asomamos fugazmente. Pero desde la torre del campanario a
90 metros de altura hay unas buenas vistas de la ciudad, eso sí para llegar
hasta allí son 300 escalones, así que al final el único que se animó fue
Alfredo; habíamos leído que había ascensor hasta una altura de 60 metros, pero preguntamos
y nos dijeron que sólo escalones. Horario: 8 a 6. Precio: 5 zł.
Seguimos paseando y viendo iglesias,
pero solo por fuera, en toooodas había boda, se ve que como dentro de poco llega
el invierno estaban aprovechando.
Lugo fuimos hacia la Isla
de LA CATEDRAL (Ostrów Tumski), para llegar primero había que cruzar
el puente Most Piaskowy con el que
se llega a la Isla de la Arena (Wyspa Piaskowa).
Y de allí cruzando la isla hacia la
derecha se llega al puente más fotografiado de la ciudad Most Tumski, con la Catedral al fondo.
Pasear por esta zona anocheciendo fue bonito,
con sus farolas, parece ser que de gas. Según leímos son encendidas a mano de
una en una por un farolero; pero nosotros no pudimos comprobarlo.
La Catedral de San Juan Bautista
(Katedra św. Jana Chrzciciela), parece ser que tiene unas vidrieras
muy bonitas, y que se puede subir al mirador de una de las torres, desde donde
se observa toda la ciudad; pero tampoco pudimos entrar, esta vez no era una
boda la culpable, era una misa; así que nos conformamos con asomarnos
fugazmente, la verdad es que se veía muy bonita.
Así que retomamos el camino recreándonos
de nuevo con las vistas de Catedral y los puentes de la zona.
Llegamos al hotel y descansamos un
rato, luego volvimos a la Rynek que estaba más animada todavía, el motivo era
que estaban viendo el partido de semifinales de voleibol en todas las terrazas;
que además acabó ganando Polonia.
Fuimos a cenar a un restaurante muy
cerca de la Rynek de comida polaca, Chatkaprzy Jatkach, pedimos cerdo, pierogis (los primeros del viaje) y
una especie de patatas rellenas, la cena nos la trajeron en un momento, y estaba
todo muy bueno, pero cuando fuimos a pedir el postre nos dijeron que no, que no
había ninguno; pues para eso mejor quitarlo de la carta (por cierto la tienen
en español). Los tres platos junto con las cervezas nos costaron 95 zł (unos 7
€ por persona), satisfechos porque la cena nos había gustado y además muy
barata, pero un poco chafados porque nos dejaron sin postre.
Volvimos hacia la Rynek, y en una de
sus esquina vimos una heladería Amorino que estaba a punto de
cerrar, y nos pedimos unos helados, que además salieron muy baratos ya que por
3 € tuvimos postre los tres; al final no había estado mal que no hubiera postre
en el restaurante, ya que los helados estaban buenísimos.
Vuelta al hotel, y como todos los días
un poco de internet, revisar la previsión meteorológica y a dormir.
Wroclaw tiene unas plazas muy bonitas. A nosotros nos gustaron mucho. ¿No visteis los simpáticos gnomos de la ciudad?.
ResponderEliminarBesitos!!
Esta fue otra de las ciudades top del viaje, además hacía un tiempo estupendo, y era fin de semana con la gente por la calle, con mucha vida la ciudad.
EliminarHe de reconocer que solo vimos unos gnomos, pero la verdad es que no nos fijamos mucho.
Un saludo, Cati.